Durante más de 60 años, Justo Gallego levantó con sus propias manos una catedral de 4.700 metros cuadrados. No era arquitecto, no tenía planos y buena parte de sus materiales procedían de lo que otros habían descartado.
En 1961, en un terreno familiar de Mejorada del Campo, Justo Gallego colocó los primeros ladrillos de lo que imaginaba como una pequeña capilla.
No había estudiado arquitectura. Tampoco tenía experiencia en construcción, un equipo técnico o un proyecto dibujado sobre el papel. Los planos, decía, estaban en su cabeza. Había aprendido mirando edificios y leyendo libros sobre arquitectura románica y castillos. Lo demás tendría que resolverlo mientras avanzaba. (Mensajeros de la Paz)
La capilla empezó a crecer. Primero aparecieron las paredes. Después, los arcos, las torres, los claustros y una enorme cúpula. Lo que había comenzado como una promesa personal terminó ocupando toda su vida.
Construir con lo que otros no querían
Justo no tenía una gran fuente de financiación. Construía con los materiales que conseguía: ladrillos defectuosos, restos de obras y piezas desechadas por las industrias cercanas. También reutilizaba bidones, botes y otros objetos para fabricar moldes o resolver partes de la estructura.
Donde otras personas veían desperdicios, él veía una columna, una pared o una ventana.
Así, trabajando casi siempre por su cuenta y solucionando cada problema sobre la marcha, levantó un edificio de 4.700 metros cuadrados, 50 metros de largo y hasta 35 metros de altura. La construcción incluye dos claustros, una cripta, un baptisterio, 28 cúpulas y más de 1.200 vidrieras. (Catedral de Justo)
No hizo falta que alguien le dijera que aquello era demasiado grande. Durante años, muchos vecinos vieron crecer una estructura extraña, a medio camino entre una obra, un templo y una idea imposible. Pero él siguió.
Un día detrás de otro. Un ladrillo detrás de otro.
Una vida entera metida en un edificio
Justo dedicó más de seis décadas a la construcción. No consiguió terminarla, pero convirtió aquella parcela de Mejorada del Campo en uno de los edificios más insólitos de España.
Su historia no es solamente la de un hombre construyendo una catedral. También es la historia de alguien que empezó sin tener todo lo necesario y fue capaz de crear a partir de lo disponible.
Sin planos, pero con una idea.
Sin materiales perfectos, pero aprovechando los que encontraba.
Sin saber exactamente cómo resolvería el siguiente paso, pero avanzando de todos modos.
Justo murió en noviembre de 2021, a los 96 años. Ese mismo año había donado el edificio a Mensajeros de la Paz para que la organización pudiera conservarlo, continuar la obra y convertirlo en un lugar abierto al encuentro y a la acción social. (RTVE)
La catedral sigue sirviendo para algo
Hoy, el edificio no se conserva únicamente como el recuerdo de una hazaña. La Catedral de Justo funciona también como espacio social.
En 2025 colaboró con Cáritas de Mejorada del Campo en la entrega de cestas de alimentos a 156 familias y repartió más de 30 juguetes entre menores de las familias atendidas. El proyecto contabilizó ese año 296 personas beneficiarias directas y 592 indirectas. (Mensajeros de la Paz)
Justo quería levantar una catedral. Sin planearlo, terminó construyendo también un lugar desde el que seguir ayudando.
Quizá esa sea la parte más potente de su historia: demostrar que algo aparentemente inútil puede transformarse. Un ladrillo rechazado puede sostener una pared. Un bidón puede convertirse en un molde. Y una idea que parecía absurda puede terminar cambiando el paisaje —y la vida— de todo un pueblo.
Es tu momento de implicarte.
- Ve a conocerla: visita la Catedral de Justo en Mejorada del Campo y descubre la construcción de cerca. Consulta el proyecto y prepara tu visita.
- Súmate como voluntario o voluntaria: Mensajeros de la Paz ofrece distintas formas de colaborar en sus proyectos. Consulta las oportunidades de voluntariado.
- Ayuda a que continúe: puedes apoyar la conservación del edificio y la labor social de la organización. Haz una donación. (Catedral de Justo)