Durante décadas, las casas de vecinos fueron mucho más que un lugar donde dormir. Los niños jugaban en el patio, las puertas permanecían abiertas durante buena parte del día y pedir una taza de azúcar o regar las plantas del quinto era algo completamente normal. No era una vida perfecta, pero existía una sensación de comunidad que hoy parece cada vez más difícil de encontrar.

Con el tiempo, esa forma de habitar fue desapareciendo. Los edificios se llenaron de puertas cerradas, los vecinos dejaron de conocerse y la vivienda empezó a entenderse, sobre todo, como una inversión o un activo financiero.

Sin embargo, en distintas ciudades de España están apareciendo proyectos que recuperan parte de aquel espíritu, aunque de una forma completamente adaptada al siglo XXI. Se llaman cooperativas de vivienda en cesión de uso y proponen una pregunta interesante: ¿y si la vivienda pudiera organizarse de otra manera?

Una tercera opción que casi nunca aparece en la conversación

Cuando hablamos de vivienda parece que solo existen dos caminos: comprar o alquilar.

Pero existe una tercera vía que lleva décadas funcionando en países como Dinamarca, Suiza o Uruguay y que empieza a consolidarse también en España.

En una cooperativa de vivienda, el edificio pertenece a la cooperativa, no a cada vecino de forma individual. Las personas que viven allí realizan una aportación inicial —que recuperan si abandonan el proyecto— y pagan una cuota mensual por el derecho de uso de la vivienda.

Eso significa que nadie puede comprar un piso para revenderlo unos años después. La vivienda permanece siempre fuera de la especulación y las decisiones sobre el edificio se toman colectivamente.

No se trata solo de cambiar la forma de acceder a una casa. También cambia la forma de convivir.

Mucho más que compartir un edificio

Lo que hace diferentes a estos proyectos no son solo sus contratos, sino todo lo que ocurre entre sus paredes.

En muchos de ellos existen lavanderías compartidas, habitaciones para invitados, cocinas comunitarias, talleres, huertos urbanos, terrazas comunes o espacios donde trabajar, celebrar reuniones o simplemente tomar un café con quien vive al lado.

No son servicios impuestos. Son espacios que los propios vecinos deciden crear porque les resultan útiles.

En lugar de tener veinte habitaciones de invitados vacías durante la mayor parte del año, el edificio puede tener dos que utiliza toda la comunidad. En vez de veinte lavadoras funcionando por separado, una lavandería común. Y donde antes solo había un portal, ahora aparece un lugar donde la gente realmente se encuentra.

Cinco proyectos que ya lo están haciendo

La Borda (Barcelona)

Probablemente sea el ejemplo más conocido de vivienda cooperativa en España. Construido principalmente en madera, este edificio nació impulsado por un grupo de personas que quería demostrar que otra forma de vivir era posible.

Lo que lo hace especial

  • Edificio de madera de bajo impacto ambiental.
  • Cocina y comedor comunitarios.
  • Lavandería compartida.
  • Habitaciones para invitados.
  • Azotea y espacios comunes.
  • Gestión democrática por parte de quienes viven allí.

Más información: https://laborda.coop

Entrepatios (Madrid)

Entrepatios une vivienda cooperativa y sostenibilidad. Sus edificios están diseñados para reducir el consumo energético y favorecer la convivencia cotidiana.

Lo que lo hace especial

  • Arquitectura bioclimática.
  • Espacios comunes para cocinar y trabajar.
  • Huerto compartido.
  • Consumo energético muy reducido.
  • Decisiones tomadas por la comunidad.

Más información: https://entrepatios.org

Cirerers (Barcelona)

Impulsado por Sostre Cívic, este edificio demuestra que el modelo puede desarrollarse a mayor escala sin perder el protagonismo de las personas que lo habitan.

Lo que lo hace especial

  • Construcción en madera.
  • Grandes zonas comunes.
  • Espacios para actividades compartidas.
  • Vivienda fuera del mercado especulativo.
  • Proyecto promovido por una cooperativa ciudadana.

Más información: https://sostrecivic.cat

Princesa49 (Barcelona)

En lugar de levantar un edificio nuevo, este proyecto recuperó uno antiguo para darle una segunda vida mediante un modelo cooperativo.

Lo que lo hace especial

  • Rehabilitación de patrimonio urbano.
  • Vivienda asequible.
  • Recuperación del centro histórico.
  • Gestión colectiva.

Más información: https://sostrecivic.cat

Ametxe (Bizkaia)

Uno de los proyectos que demuestra que este modelo ya no es exclusivo de Cataluña. Su propuesta combina vivienda estable con espacios pensados para compartir recursos y construir comunidad.

Lo que lo hace especial

  • Proyecto impulsado por la propia comunidad.
  • Espacios comunes flexibles.
  • Vida comunitaria.
  • Gestión participativa.

¿Quieres saber más?

Si te interesa este modelo, puedes explorar los proyectos y redes que ya lo están impulsando: