¿Y si cambiar el mundo también fuera una salida profesional?

 

Cuando hablamos de cambiar las cosas solemos pensar en activismo, política o voluntariado. Rara vez pensamos en empresas.

Sin embargo, algunas de las iniciativas que más están contribuyendo a resolver problemas sociales y ambientales no nacen en parlamentos ni en manifestaciones. Nacen en cooperativas, empresas sociales, fundaciones, asociaciones y proyectos que han decidido utilizar una herramienta tan cotidiana como poderosa: la economía.

La pregunta es sencilla.

¿Y si la forma en la que trabajamos, emprendemos o consumimos pudiera ser también una forma de participación ciudadana?

La generación que quiere algo más que un empleo

 

La juventud actual se enfrenta a una paradoja.

Por un lado, nunca había existido tanta preocupación por desafíos colectivos como la emergencia climática, el acceso a la vivienda, la salud mental o la desigualdad.

Por otro, muchas personas sienten que sus opciones para influir en estos retos son limitadas.

Sin embargo, está surgiendo una tendencia cada vez más visible: buscar proyectos profesionales alineados con valores personales.

Según el Edelman Trust Barometer, más del 70% de los jóvenes considera importante que las empresas tengan un impacto positivo en la sociedad y espera que contribuyan a resolver problemas colectivos, no solo a generar beneficios.

La idea de separar completamente trabajo y propósito empieza a perder fuerza.

La economía social: una forma diferente de entender el éxito

 

La economía social reúne a organizaciones que generan actividad económica pero que sitúan a las personas y al impacto colectivo en el centro de su modelo.

No se trata de organizaciones que renuncian a ser sostenibles económicamente.

Al contrario.

Se trata de organizaciones que entienden que los beneficios son un medio para lograr algo más grande: crear empleo de calidad, fortalecer comunidades, impulsar la inclusión o acelerar la transición ecológica.

En España, la economía social representa más del 10% del PIB y genera más de 2,5 millones de empleos, según datos de CEPES.

Lejos de ser un nicho, es ya una parte fundamental de nuestra economía.

Cuando la economía se convierte en participación ciudadana

 

Muchas veces entendemos la participación únicamente como votar, firmar una petición o acudir a una manifestación.

Pero las decisiones económicas también tienen consecuencias políticas y sociales.

Elegimos qué proyectos apoyamos cuando compramos.

Elegimos qué modelos ayudamos a crecer cuando trabajamos.

Elegimos qué futuro construimos cuando emprendemos.

La economía social parte precisamente de esa idea: que la actividad económica puede ser una herramienta para resolver problemas colectivos.

Del emprendimiento social a las cooperativas energéticas

 

La economía social adopta formas muy diversas.

Hay cooperativas que producen energía renovable.

Empresas de inserción que generan oportunidades laborales para personas en situación de vulnerabilidad.

Plataformas tecnológicas que reinvierten beneficios en proyectos comunitarios.

Cooperativas de vivienda que buscan alternativas al mercado inmobiliario tradicional.

Proyectos agrícolas que fortalecen el desarrollo rural.

Todos comparten una misma pregunta de fondo:

¿Cómo podemos utilizar la economía para generar valor económico y social al mismo tiempo?

Una oportunidad para una nueva generación

 

Durante décadas se ha presentado una elección aparentemente inevitable: o te dedicas a ganar dinero o te dedicas a cambiar las cosas.

La economía social demuestra que esa división es cada vez menos real.

No todos los problemas sociales se resolverán desde las instituciones.

No todas las soluciones vendrán del mercado tradicional.

Y no todas las formas de participación pasan por la política.

A veces, transformar la sociedad también consiste en crear una empresa, incorporarse a un proyecto con impacto o construir modelos económicos que respondan a los desafíos de nuestro tiempo.

Porque la cuestión ya no es únicamente qué queremos ser cuando trabajemos.

La cuestión es qué queremos contribuir a construir mientras lo hacemos.

Para seguir leyendo: Generación Impacto

Si esta pregunta conecta contigo —cómo trabajar, emprender o participar sin renunciar a generar impacto—, desde Talento para el Futuro impulsamos Generación Impacto, una investigación sobre la relación de la juventud con la economía social, el empleo con propósito, el emprendimiento y la participación para el cambio social.

El proyecto cuenta ya con dos informes: Generación Impacto: la juventud española ante la economía con propósito y Generación Impacto II: empleo, emprendimiento y participación en la economía social en España. Ambos analizan cómo perciben los jóvenes la economía social, qué les motiva a implicarse en proyectos con impacto y qué barreras siguen existiendo para pasar del interés a la acción.

Porque el impacto no empieza solo con una gran idea. Empieza también con información, referentes y espacios que nos ayuden a imaginar otras formas de trabajar, emprender y construir futuro.

Puedes leer los informes en la web de Talento para el Futuro.